Mmm... no sabéis cuanto la hecho de menos, ese "dulce" bocado que te llena la boca de mil sabores juntos, o mejor, el aceitito que se te cae por la barbilla y que chorrea por todas partes... Mamá, ¡quiero que llegue ya el invierno! ¿Cuándo vas a volver a llenar las orzas?

Que ilusos aquellos que no conocen este gran invento, no saben lo que es un verdadero alimento. Ni burguers ni kebabs, donde esté una buena tajá de la orza que se quite lo demás. Aunque, por cierto, ¿quién sería la abuel@ que inventó la orza? Esa maravilla de vasija donde se guardan más y más longanizas, morcillas, lomos, ¡costillas!... parece que no tiene fin hasta que llega ese día donde buscas entre la grasa y te das cuenta de que se han acabado. Las lentejas ya no saben igual, las bajocas no tienen aroma, y los cocidos, ¡ay de los cocidos! pierden ese toque tan especial...

Y la verdad, si lo piensas bien, a cualquiera (menos a nuestras madres-abuelas) le repugna pensar como se hace este embutido. Matar al pobre gorrinillo- y pensar que nos llevaban a verlo como "excursión" en el colegio...- quitarle las tripas y todos los órganos, sacar la caca a presión y por si fuera poco, mezclarlo con sangre, ¿parece una peli gore, verdad?

De todas maneras, las tajas de la orza (y el jamón) son el mejor alimento que he conocido, pa bocadillos, pa platos, pa lo que quieras. Y sino piénsalo un poco, ¿por qué crees que estamos tan buen@s l@s chic@s de Camporrobles?
Es lógico, porque estamos muy bien alimentados... de ahí que dedique esta líneas a este sustancioso alimento.
Es mi ODA a la ORZA, ¡espero que os guste!